sábado, 12 de octubre de 2013

El tumulto del asco.



Es mejor que el asco forme tumulto, a que el tumulto de asco; es, sin duda, más esperanzador. O así lo quiero ver después de tal cúmulo de sentimientos e impresiones (¿)negativas(?) acontecidas en mí, mi mundo y el mundo que habito. A la vez, por igual, en el espacio entre esas tres regiones. En el limbo que genero cada vez que me pierdo a pasear, por las cimas y collados, en el espesor de la niebla del monte desasosiego.

Y es que últimamente me siento aislado. Ajeno a todo. No encuentro materia similar a la mía. Como de un espécimen perdido en otro planeta, luchando por respirar de un aire que no es el suyo.
Pero ya todos sabemos, que no es así. Que ni soy especial, diferente, o el único de mi especie. Que esto son delirios absurdo-dramáticos, tan necesarios como carentes de peso práctico. Aclarado ésto, sigo.

Me da asco el mundo, ¿sabes? Cada vez más. Ya salgo por ahí y es que no disfruto, me asquea todo, me siento súper ajeno a todo. Veo tetas, culos, nalgas impresionantes, mujeres guapísimas. Una patada a una piedra, y salen veinte así.
Me doy cuenta de que lo único que nos une es eso, pero al ser algo tan común, llego a la conclusión de que sólo nos unen las circunstancias. Nuestras relaciones son capricho de nuestras circunstancias. En parte es triste. Y más cuando no vez nada más que todo eso que he comentado, no ves una llama diferente en ninguna mirada, no ves ese fuego, esa vida que anhelas. No te ves reflejado en nadie. Y las esperanzas se vienen abajo.
Cuando hablo de éso, me refiero a lo banal en general. También nos unen la casualidad, las circunstancias, como he dicho. Aparentemente incapaces de interesarnos por algo más, más allá de eso. Somos conformistas. No buscamos fines mayores, sólo saciar nuestro hambre. A los leones de los nihilistas que me arrojo.

Quiero pensar que hay algo más que eso. Pero no puedo evitar en algunas situaciones sentirme así. Repito: ajeno, aislado, solo, desesperanzado.

Ya pasa que ni bebo alcohol. A este paso me volveré totalmente abstemio.
En parte me veo vulnerable. Veo mis miserias, que bien conozco ya, no me hace falta volver a verlas. Las veo en los demás, y las veo en mí cuando pienso que sucumbo, que me rindo, que me entrego al tumulto. Me siento mal después de una noche de haber bebido más de la cuenta. Y no es que ni siquiera me emborrache, jamás he perdido el sentido ni nada parecido. Nada ni mucho menos grave, ni que se le acerque de lejos. Nunca he sido de beber mucho. Por eso supongo que no lo hago, porque luego me siento mal, por dejarme arrastrar, por no soportar con resignación el aislamiento que me genera estos pensamientos que a veces resurgen, pensamientos de vacío. Por no estar tranquilo, por perder la calma. Por cambiar la soledad por mi sentimiento de fuerza, de orgullo, de equilibrio, la soberbia enmascarada que me hace ser yo. 
Pues eso, que no hace falta que haga ninguna tontería, ni diga ninguna cosa de la que me arrepienta, ni nada en absoluto. Pero es beber y al día siguiente me siento mal. Mal conmigo mismo, con mi triste existencia.
Y no se trata de aceptar que soy humano, eso es otra cosa. Que bien lo acepto ya. 

Y veo que la gente, baila, bebe, pareciese que no buscan nada más, y muchos etcéteras. Aplicados a la noche, al día, a todos ámbitos y circunstancias. Sentir que la superficialidad en cualquiera de su facetas, más de un tipo que de otro, lo inunda todo. ¿Quién valora lo que yo tengo, quién valora lo que yo busco?
O a lo mejor soy yo, que soy el débil, que no se compaginar, que no tengo seguridad ni arrojo para sentirme yo en cualquier parte. A lo mejor soy yo el cobarde, el intransigente, el cegado. El niño...

Seguramente.




domingo, 6 de octubre de 2013

Ascensión en solitario al Mulhacen.

Llevo varios días sin poder dormir muy bien, y la madrugada del sábado día 5 no fue diferente. Así que a eso de las 6 de la mañana y ante la imposibilidad de volver a conciliar el sueño, me dije: "ey, ¿qué tal si subo al pico Mulhacen?, por ejemplo...".

Y allá que fui. Preparé todo. Llené mi "mochila para todo" de varios litros de agua, comida y lo que creí necesario. Me vestí, me calcé e intenté olvidar los miedos. 
Sobre las 6:40 a.m. estaba saliendo ya dirección Granada. El viaje se hizo corto, intentando no pensar demasiado, sintiendo que me estaba encaminando, que me estaba sumergiendo ya en la aventura. Sabía que podría darme la vuelta en cualquier momento, pero también sabía que ya no me libraría del "fracaso". El simple hecho de haber gastado unos euros de gasolina para nada, ya sería suficiente para sentir que había hecho el tonto ante mi indecisión y poco arrojo. Esos momentos que te sobrecogen, y no sabes si es para bien o para mal.
7:50 a.m. aproximadamente. Yo, en una gasolinera a los pies de Sierra Nevada, comprando una barrita de chocolate como excusa para poder entrar al baño y "soltar" todo el "miedo" que me sobraba. Eso me alteró los planes un poco, y al final acabé llegando a Pradollano sobre las 8 y media. Unas cuantas vueltas por el "pueblo" buscando el acceso a los albergues hicieron que me retrasase aún más. Ahí ya empecé a frustrarme y a maldecirme, un poco. Solo un poco. 
Pero bueno, una vez aparcado el coche en el parking entre los albergues Universitario y Hoya de la Mora, me dispuse a caminar. Eran las 9 de la mañana y hacía poco que había terminado de amanecer. 


Me puse en marcha sin saber muy bien a dónde me dirigía e intentando convencerme de que si solo podía llegar al Veleta, ya habría merecido la pena. Que no me iba a forzar haciendo ninguna temeridad. Pero algo dentro de mí sabía que no me iba a conformar. 
Visualizado el primer punto clave, ya tenía una senda que coger. Hacia el monumento "Virgen de las Nieves".



Y dejaba ya el parking atrás...


Para subir al Mulhacen, la mayoría de la gente lo que hace es coger una furgoneta lanzadera hasta las "Posiciones del Veleta". Una subida hasta 3 mil metros s.n.m. que reduce la ruta en kilometraje y dureza. Pero claro, hay que reservar plaza con antelación y, además, consideré que no sería verdaderamente un reto hecho de esa forma. Así que...hasta los pies del Veleta...


Hasta el Veleta...


Hasta el Veleta...


En hora y tres cuartos casi estaba ya en la cima del Veleta. Por error. Me equivoqué en la bifurcación y comencé a subir al pico sin saberlo, hasta que me encontré a un montañero que bajaba al cual le pregunté. Me dijo que estaba apunto de coronal el Veleta. 
Y como no tenía tiempo que perder, porque todavía tenía miedo de que no me diesen de si las horas de sol, pues volví para atrás, a buscar la senda que rodeaba por la cara oeste hacia la sur y me situaba en la pista hacia el Mulhacen.
Me costó, no sabía si iba bien. Fue la primera vez que me vi perdido. Tuve que bajar por unos neveros por una pendiente bastante escarpada y la niebla me dio la bienvenida. La cosa se empezaba a poner fea y yo ya me preguntaba que dónde me había metido...



Pero la verdad es que pronto encaré la pista y el subidón fue considerable viéndome ya a salvo y bien situado. Esto ya parecía más real, más posible. Y más después de ver la tan deseada por mí, laguna de Aguas Verdes. Esa fue la señal definitiva de que lo conseguiría. 


Estaba ya a 3 mil metros de altura y, ahora más que nunca, tenía miedo por el mal de altura. No sabía si me iba a coger por sorpresa todavía, y más después de tantísimo esfuerzo. Que, aunque sabía que ahora el camino hasta la base del Mulhacen no iba a ser tan duro como la primera etapa, sabía también que ahora mis fuerzas estaban mucho más mermadas. 

Pero me volví a equivocar, y esta vez no fue de camino, sino al medir mis fuerzas. Me volví a subestimar. Con casi 15 kms andados y más de 500 metros de altitud superados, me vine arriba. Paso ligero, demasiado ligero. Tan ligero que una vez pasado el "Paso de los Machos"...



..., superada la puerta en la piedra...


...y rodeando la "Loma Pelá", no podía creer que eso que tenía a mis pies era la laguna de la Caldera, el refugio del mismo nombre y el Mulhacen enfrente. No podía ser cierto. Eran aproximadamente las 11:55 y ya estaba practicamente ante mi objetivo. Parece cachondeo, pero se me hizo bastante corto este último tramo. 


Paré, me acomodé la ropa, me hidraté y me mentalicé. Elegí la ruta de ascenso al pico entre tres que se diferenciaban. La primera, por la que iba la gente, era la que daba salida desde el refugio de la Caldera, más larga pero con menos pendiente, parecía la más asequible. La segunda enlazaba con la primera ya a bastante altura, casi en la cima; era de una pendiente mucho más pronunciada. La tercera consistía en rodear el Mulhacen y afrontar la subida por la cara sur, más larga pero más suave.
Yo elegí la segunda. Nadie iba por ahí y decidí atacar el pico en solitario, como todo el trayecto. Creo que me volví a equivocar al elegir... Sin bastones como la gente tuve que tirar de piernas y apoyar las manos en las rodillas para sustituir la falta de este material técnico. 
Se hizo duro, el corazón casi se me salía del pecho.Pero lo conseguí, había coronado el Mulhacen en menos de 40 minutos y seguía vivo. 


Le pedí a una cabra que me echara la clásica foto junto al hito.


Estuve unos 20 minutos en la cima comiendo algo y descansando. Luego, bajé para abajo y saqué algunas fotos. Incluidas las siguientes, de un compañero alado que me acompañó toda la bajada y la de la laguna de la Caldera.




Una vez ya abajo, me comí mi bocata de atún en el refugio de la Caldera y a las 2 y media de la tarde emprendí la vuelta hacia el coche. A desandar lo andado...


En dos horas y media practicamente ya estaba en el coche, sobre las 5 de la tarde. 
Total, unas 7 horas de recorrido sin contar los descansos. Me porté, teniendo en cuenta que en todas partes hablan de entre 10 y 12 horas. Casi 50 kms entre pecho y espalda. No está mal. 

Ahora me duele todo, pero bueno, me recuperaré. Reto superado, mejor de lo que creía. Ahora toca seguir con más. Éste ha consistido en subir alto, el próximo, quizás sea a poco más del nivel del mar. Y seguramente sea mucho más complicado. Pero no dejaré de intentarlo. 

No sé qué me llevo de esto, porque la verdad, no sé si me ha dejado algo importante. En parte subí al Mulhacen a encontrarme a mí mismo, y yo no estaba allí, así que seguiré buscándome. Por otra parte, intentaba acallar pensamientos en mi cabeza, tampoco lo conseguí, me encontré con fantasmas allí arriba, nacidos de esos mismos pensamientos y recuerdos.
La cuestión es que hoy vuelve a ser domingo, de esos malditos domingos de mi vida, y vuelvo a sentirme vacío. Creo que no es ésto lo que necesitaba demostrarme a mí mismo.

Y con tanto que decir, con tanto acumulado en mi cabeza que ni en el momento más extenuante de la caminata pude parar, me despido, apático de nuevo. Esperando que me vuelva a surgir el arrebato de rabia y energía. Y que algún día no se vaya, se quede conmigo, y no me vuelva a dejar solo. 








jueves, 12 de septiembre de 2013

Que yo no sería.

No es poco sabido,
que rencoroso no soy,
pues alivio me da,
que la moza encuentre marido.

Como rematada hoy,
una prenda zurcida,
se queda dispuesta extendida,
para doblar y empaquetar,
así es que está mi atadura.

Como si ya no fuese mío,
el deber de vigilar,
cambio de turno incluido,
con ese guarda,
que la quiere ganar.

Aunque raro se me hace,
la sorpresa de esta alegría,
la relaciono con algo,
que hasta buena persona ahora,
resulta que yo sería.

¿La verdad busco?,
¿o casualidad?,
¿o derrota confirmada,
que simplemente reconozco?,
¿menos un lastre tardío?

¡Oh qué pena!,
con lo bien que empezaba,
si es que me cuestiono por todo, 
y ya hasta es que me quedo frío.


jueves, 22 de agosto de 2013

Siento, luego existo.


A veces es difícil saber si algo es beneficioso o dañino. Encontrar el justo equilibrio es complicado. 

Creo saber que sacar los sentimientos que tengo ahora dentro no me va a hacer bien. Que no es el modo adecuado. Que no se ajusta al "método", sino que va contra él. Que me conviene olvidar, mitigar, distraerme. Enfriarlo.
Pero se me escapa de dentro, me comprime el pecho, necesito liberarme de esto de algún modo. Necesito dejar de ahogarlo en mi interior. Porque me deja sin aire.

Y con temor a que sea contraproducente. Ahí va.

----------------------------------------------------------------

Y aquí llegó. Como llegaste tú, sin avisar. Energía, alegría para una vida apagada. Un soplo de aire fresco. ¡Que digo un soplo! Un vendaval. Un pequeño huracán. 
Disimulando, como si no fuese contigo la cosa. Neutra, como la lejía. Burdo intento de ocultarte. Ni siquiera detrás de esas grandes y oscuras gafas de sol. Yo lo sabía. Yo te veía. Pero aún así me arrasaste. Como cuando te conoces la teoría, pero te puede la práctica. 
Me la jugué. Y me ganaste. Te ganaste mi atención, mis tonterías, mis bravuconadas, mi ilusión. Me ganaste, justamente, el corazón. 

Yo lo sabía, repito. Yo te veía, cuando podía. Yo te soñaba, y te colaste en mi realidad.

Ahora ya no hay sueño que valga. Ahora me dejas sentimientos que hacen que me sienta absurdo recordando pérdidas pasadas. Que a ti sí me duele perderte. De verdad, sin autoengaños. 
Que por ti me siento en estos instantes vivo. Sea como sea, pero vivo. Que te robo las palabras, como te robaría el alma en un atardecer entre las olas del Mediterráneo, y te digo que por ti..., siento, luego existo.

Tú sí mereces la pena. Y nunca mejor dicho.

Ahora ya no eres "my weapon", pero siempre serás una magnífica arma para seguir luchando. Tú y lo que me dejas. Amor de verano. Y digo, amor. 

Me guardaré de tu cara, que me merma las facultades. Me guardaré de tus ocurrencias que me hacen admirarte. Me guardaré de tu piel, que me hace desearte. Me guardé hace poco, poco antes de marcharnos, de susurrarte dos palabras. Hoy no me guardo de nada, y esas dos palabras, al viento las lanzo. 


Ajeno

Ajeno. Así me siento la mayoría del tiempo. Ajeno a todo. Como un lobo entre perros. Como un silencio entre el jolgorio. Aislado. Como la luna entre las nubes. 
Tan vacío, tan fuera de lugar. Que aunque estoy ahí, que aunque mi existencia es palpable por el resto de la humanidad, lo es tanto como lo es la una papelera clavada en el centro de la calle. Un bulto que esquivar. Casi inerte. 

No sé si es culpa mía o de los demás que no me sienten parte de ellos, de su mundo. Generalmente pienso que es mi culpa, es como yo me siento. Yo soy el que se siente ajeno, desubicado. Pero, a veces, cuando empiezo a sentirme así, es muestra de que algo no va bien. Y así me he sentido. Y así lo he confirmado.

Se alejan. Me alejo. 

Llevo ya horas dándole vueltas a la cabeza, así como a las tripas, intentando averiguar qué es lo que falla en mí. Por qué me ven sólo de puertas para afuera. Como a la papelera. Pero no consigo dar con la respuesta.
Seguramente sea lo que reflejo; mi vacío, que de una forma sutil e imperceptible se cuela por las rendijas hasta llegar al mundo. El resto del mundo. 
O puede que no haya más ciego que el que no quiere ver, y sea una cuestión de forma definida que no veo ni delante de mis narices. 
Porque yo sé ser racional, práctico y lógico. Sé mirar las cosas fríamente. Pero lo que encontraría sería tan duro y falto de valor para mí, que se me desvanecería la esperanza. 
¿Qué me falta pues? Yo sé lo que me falta entonces. 
¿Qué tengo? Un dinero que aquí no se canjea. 
¿Qué soy? Un vaso de té lleno de limo-nada. Antagonista de lo que necesito. 
¿Qué busco? Algo que me hace débil y fuerte. Fuerte y débil. 

Dependencia. 

Debilidad.

Soy un enamoradizo. Una hierba enamorada de una flor. En este jardín en el que el agua me acepta pero me esquiva.

En días como estos, me siento más inocente e ignorante que nunca. Soy un niño de 27 años. Tanto que dar, pero no donde darlo.

Soy el único que puede creer en mí, esa es mi maldición. Así es como la vida quiere que aprenda. 


lunes, 22 de julio de 2013

Torres

Ojalá supiese dibujar. Pero lo más a mano que tengo ahora para poder plasmar las sensaciones que me produce este lugar, no es más que la cámara de mi teléfono móvil y éstas, mis palabras.

Son casi las cuatro de la tarde de un lunes 22 de julio. Las chicharras cantan con fuerza. Que no sé si a eso se le puede llamar cantar, pero es uno de los sonidos para mí enigmáticos de las sierras de la provincia de Jaén. Sonido de la naturaleza.
A pesar de las chicharras, hoy no hace un calor a la altura de las fechas por estos lares. Aunque claro, nunca he estado aquí, en este pueblo. Estoy en Torres, una pequeña localidad a las puertas de Sierra Mágina.

¿Y qué hago aquí? Siento decir que nada interesante. A lo mejor por eso (y por aburrimiento), me he puesto a escribir; para maximizar mi estancia, para sacar lo mejor. Que no sé siquiera lo que es, que pocas veces sé identificar.

Bueno, la cuestión es que después del término de la sesión de mañana de un curso, que no sé bien el porqué lo estoy haciendo (es gratis) y que es la causa directa y lógica  por la cual me encuentro aquí, he tenido que buscar un lugar a la sombra para degustar mi exquisito bocadillo de atún con ketchup acompañado por un zumo y rematado por un plátano bastante maduro. La especialidad de la casa.
Y así, a base de tirar de piernas me he pateado un tercio del pueblo en cuestión (tres calles) hasta encontrar un parquesito. Es el parque municipal. No es muy complejo ni grande, apenas con unas dimensiones de 80 por 17 metros y con el diseño del típico parque de barrio que se estila por España. Adoquines blancos y rojos, con eso lo digo todo. Pero tiene su encanto, está plagado de árboles, setos y demás; el verde predomina y se confunde con el verde de la naturaleza de alrededor. Pegado a una pared de piedra, parece ser más un área de recreo en plena sierra.

Me van a comer las hormigas. Se suben por mis pies y andurrean por el banco de piedra en el que estoy sentado. Están consiguiendo que mi sugestión haga que me esté empezando a picar todo; hasta creo que tengo varias en los calzoncillos.

En fin, que aquí estoy, en el círculo que intermedia con el pasillo central del parque. Una plazuela de adoquines con cuatro bancos de piedra, y yo en uno de ellos.
Cuando he llegado aquí una agradable sensación de eternidad me ha llenado por un pequeño instante. Será cosa de ese misticismo que rodea a los círculos; y máxime cuando lo guardan o flanquean un número concreto de elementos y te sientes parde de ellos, mirando hacia el centro, parte de un todo, como un miembro del gran consejo de la vida. Pero los otros tres bancos siguen vacíos... Aquí estoy sólo y solo yo, y muy de vez en cuando, algún adolescente que pasa por delante mía camino de la piscina municipal que está por aquí cerca.

¡Ah! El gato. También el gato me ha hecho compañía un momento. Venía solitario de camino a donde yo estoy sentado y, como quien se conoce el lugar y no espera forastero, se ha topado conmigo, de frente y sin esperarlo. Menudo susto se ha llevado el pobre. Se ha quedado de piedra observándome. Y yo a él. Durante casi un minuto. Luego se ha marchado rodeándome, tomando la distancia necesaria de seguridad.

Suena el teléfono. Lo dejo aquí.














jueves, 16 de mayo de 2013

Cenizas de Mayo

Parece que me quedé en el día 2 y no fui capaz de llegar más lejos. Me sorprende lo increíble de mi constancia... 
Han sido días muy complicados. De los que pasan desapercibidos para mi entorno.
Cuesta más llevar las cosas en silencio. Pero desde siempre me ha costado hablar desde más medio que es éste, el de las letras.
Da igual, no son excusas, en el día 2 me quedé. Algunas cosas han cambiado lo suficiente como para no seguir con la cuenta; sin embargo, otras siguen tan inmutables que, de igual manera, sigue siendo absurdo contar pasos en el sitio.

                                 ......................................................................................

Y ahora, hablemos de mayo.

 Vaya mayo extraño. Extraño porque quizás no recordemos que otras tantas veces fue igual que éste de 2013. Pero sigue extrañándonos que de repente estén muriendo los días en su mismo ecuador con esta forma de lluvia, frío, rayos, truenos y granizo. ¿Una agonía o simples quejas de una primavera que se revela desesperada? 

Ahogando su esencia, matando sus flores. ¿Purificándose? Es posible, pero sólo dependerá de como amanezca mañana, y no de cómo muera hoy. Porque no es hoy que muere mayo, llega hasta su día 31, y se hace eterno perpetuando su semilla. Como las flores...

Como las flores, vamos muriendo. Reconocer la vida, en cada gesto, en cada taza de té...

No para de llover. Mayo sigue llorando. 

Igual lloraba yo, como mayo, cuando era pequeño. Berrinches y más berrinches. Incapaz de parar. Sin consuelo. Extenuado acababa.
Y ahora, como si hubiese agotado y despilfarrado mi reserva de lágrimas, no hay modo de que me sea fácil llorar.
Doy fe de que lo ansío, de que lo busco, de que intento provocarlo, de que me esfuerzo por desahogarme. Pero nada. Aunque estos días atrás y en especial hoy, he roto. Me he roto. Tan liberador ha sido que me he quedado con necesidad de más. Al menos se ha abierto una grieta, una brecha; y desde ahí será más fácil romper esta incómoda carcasa que no me deja respirar como quisiera.

En fin. Demasiado movido este año y demasiado parado también. Demasiados errores conocidos. 
No voy a omitir que con bastante cosas positivas me he quedado. Y he disfrutado. Me llena de vida saborear cada buen sentimiento que ha sido la vida capaz de sacar de mi corazón. Aunque hoy me lo esté cobrando. Pero lucho por encontrar esa serenidad y paz que me permita usar todo eso como una buena arma, y no como rabia descontrolada. Que me guíe y no me pierda. Que si me pierdo me encuentre. Que si me encuentro, me encuentre con ella. Ella que no sabe quién soy yo, y yo que sepa que es ella. 

Y parece que hablo como si el año terminase y estuviera haciendo balance. No es el año lo que termina, pero espero que terminen hoy muchas cosas, de las que hechas cenizas, y en su misma esencia, nazcan otras que anhelo.

Que mayo no se quede aquí. Que renazca mañana. Aunque llueva. Aunque se caiga el cielo.


Mayo.













jueves, 18 de abril de 2013

Día 2. Casi.

Hoy he vuelto a pecar de falta de arrojo. Ni siquiera ha sido averde. Patachás. 

La cuestión es que otra vez he dejado sin dar forma física a mis pensamientos. ¿Me arrepiento? Aún es temprano para hacerlo. Eso me haría sentir poco honesto conmigo mismo. Y así ha pasado mi mañana. Sin pena ni gloria.

La tarde ha ido cogiendo el regusto de esa nostalgia nacida de un embarazo psicológico, que de vez en cuando me corre por dentro. Algo inventado que se te ha escapado. Algo que ni existe ni existió. Y sabe mal, sabe raro. Aunque despierte cierta esperanza por recuperar lo que nunca tuve. Es raro. Pero esa nostalgia sigue corriendo ahora. Como el veneno que son mis ganas de vivir. Que tantas ganas tuve siempre de vivir que se me atascaron. Me dejaron simplemente con eso, con las ganas. 

Volvemos a lo de siempre. Estancamiento. Pero sin saber si estoy atascado de mierda o flores.

Al menos ya he afianzado la idea en mi cabeza de que lo más importante es vencer el miedo. Toda clase de miedo.

Hoy la nota es un 3. Pelao.

Y más de lo mismo. Cada vez de un color.

miércoles, 17 de abril de 2013

Día 1. Día 17.

Satisfacción personal del día, baremo de 0 a 10:    3.2.........Suspenso

Me he jodido la espalda. Pero hoy era el día uno, día diecisiete. Para qué preocuparme por la barba cuando me pueden cortar el cuello.

Se nace llorando, desorientado, sin saber dónde estás. Apenas has sacado la cabeza. Es normal.

Nada más que añadir.

martes, 16 de abril de 2013

Día cero. Plan B.



Esa opción de emergencia, la que no quieres llegar a tener que poner en marcha. Porque tienes otra prioridad, otra forma de hacer ese algo. La primera opción, tu manera. Y a veces ésa, tu manera, no es la acertada o correcta. O simplemente no te ha estado funcionando. Te das cuenta que lo que elegiste en primera instancia, lo que previste que pasaría, no se está cumpliendo. En absoluto. Aunque para ser justos, la vida te ha dado otras armas que no esperabas tener, que quizás no entiendas, que no sepas como usar. Que sólo encajen en tu "Plan B".

"Todo el mundo tiene un plan..., hasta que le pegas la primera hostia". Mike Tyson.

Y como los hay muy cabezones, también hay más de una hostia. Pero bueno, está más que constatado que no todos aprendemos de la misma forma. Qué remedio, es algo que aceptaremos. El resultado no tiene por qué ser peor. Simplemente tiene que encajar. Y si pensabas que ser infiel a tu primer plan de acción era negarte a ti mismo, es que se te pasó algo importante por alto. No sabías quien eras. Lo que creías saber no era todo lo que eras. Porque el plan avanza justo un instante por detrás de ti. También justo a la inversa. Siempre. Aunque no tenga sentido. No lo tiene que tener. Seguramente sea totalmente al contrario, y cuando de verdad nos negamos es cuando rehusamos o no nos atrevemos a crecer ni desarrollar lo que verdaderamente somos. Por eso nos inventamos un primer plan; por otra parte, totalmente natural y necesario.

Se va a tener que sufrir. Si supiéramos todo lo que hay que saber, si supiéramos todo lo que va a pasar, si supiéramos todo lo que tenemos que ser, nada de esto tendría sentido. Y acabaría todo en el mismo punto que empieza, sin dimensiones ni grandeza. Sin vida.

No me quedan letras para poner a mi plan. Ni falta que me hacen. 



sábado, 23 de marzo de 2013

O dicho de otra forma.



Como el animal que solloza asustado mientras es acorralado. Que tan cerca ve ya la pared y la espada que se pierde y encuentra a si mismo en un inesperado punto de inflexión. Es un cambio de tendencia. Instinto de supervivencia. En el hombre muta a la forma del orgullo más naturalmente arraigado. Y los lloros y plegarias a fuerzas divinas, se convierten en dientes, garras y una infinita onda expansiva de carácter. Porque todos somos eternos e inmortales, justo un instante antes de perder la vida. Irónico.  

Poco importa ya el miedo, que no es sino más que no querer perder esa lejana y falsa oportunidad de descarga de responsabilidad. Y como sólo se controla y tiene a si mismo, la fiera se revuelve. 

Una y otra vez. Hasta que aprende a hacerse hombre. Mientras se convierte en guerrero.




Y la fiera se revuelve. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Alegato (1)



Si crees que hacer lo que te gusta no requiere nada de esfuerzo, estás equivocado. El problema es cuando ni siquiera sabes lo que te gusta. Todo se hace entonces tan tedioso como arrastrar contigo un cadáver maloliente; el cadáver de la fe, ésa que te falta, pero que no tienes más remedio que verte obligado a llevar contigo si no quieres acabar consumido por tu inoperancia. Hay infinitos caminos, pero sólo una dirección. Al frente. Esa es la salvación. Porque, como repetía enfurecido cuando me perdí en el monte con mis amigos, "si nos quedamos quietos moriremos". Estancados como el agua que nunca logramos ver, como el agua que nos faltaba para beber allí, bajo el tórrido sol de agosto. Sediento. 

Habla mi fuerza. -El guerrero de la luz continúa sin fe. Pero sigue adelante y la fe termina volviendo. (Coelho).

Volviendo a lo de antes, con respecto al esfuerzo que cuesta hacer lo que te gusta, he de decir que me gusta escribir aquí. De una forma u otra lo disfruto, me sirve para, creo, algo positivo. Aunque, escribir sólo cuando no estoy bien o tengo cosas que me reconcomen por dentro, me hace pensar que, más que algo que me gusta, es algo que necesito, una especie de terapia, una reconciliación conmigo mismo. El problema es cuando me empieza a gustar de verdad, cuando me empiezo "a gustar". Entonces, según avanzan las letras por la pantalla se me hace más duro mantenerme escribiendo algo de calidad, algo que sienta que me gusta. Y me cuesta, y me da pereza, o no siento que pueda merecer la pena. Ese sentimiento otra vez, ese sentimiento de falta de fe, de no creer ni en mí mismo ni en mi obra. Pero como cuando más a gusto me siento escribiendo es cuando más abatido y sosegado me encuentro, sopeso la posibilidad de que ese esfuerzo del que hablaba no sea más que causa de forzar mi ser. Por eso, cuando caigo en las fauces de la ira o del pasional gesto de revolverme contra qué sé yo, es cuando más se aplica el dato delante del último punto y seguido expuesto. ¿Por qué no escribo en las ocasiones que estoy bien? ¿Es quizás que no lo estoy realmente? ¿Es quizás que simplemente floto adormecido e indoloro en mi letargo? Tema aparte. Las mismas dudas y retrospectiva absurda que nunca me llevó a nada sin el amparo de los hechos. Por qué tanta importancia al porqué. La camisa de  once varas en la que se mete un pobre diablo con complejo de superioridad. O excusas. 

Hablan mis ideales. -Éste es mi sino, mi elixir y mi veneno. No es lo acepado o lo renegado. Es el control del todo. Es la búsqueda de la autoperfección.

Bueno, no estaba aquí para esto... Rebobinemos. La verdad es que estaba esperando un estado de abatimiento que no se disipase entre mi pereza, para poder hablar conmigo mismo a través este medio. Darme unos preceptos e indicaciones de peso para que me sirvan de arma contra mí mismo. Es como intentar cogerme por sorpresa, tenderme una emboscada. Esto es una lucha interna. Esto es la astucia de la bestia negra cuando no le vale revolverse con fiereza y violencia contra el carcelero. O mejor, esto es como alimentar y provocar a la bestia para que luche por mi vida. Por nuestras vidas, amigo carcelero. Mitad tan propia como ajena, parte de mí. Tú, el momento de inercia desbocado, necesario para mi ansiado equilibrio de momentos, el equilibrio del sistema. Controlarte, como lo haces tú ahora conmigo. Y digo conmigo, porque no puedo evitar sentirme más víctima que verdugo ahora, porque es el acorralado el que necesita de ayuda.

Habla mi cinismo. -Eres un gilipollas.

Soy tan abstracto en mis pensamientos que estoy condenado a ser concreto con mis actos. Lo que peor hago: focalizar. No mente, no mente, no mente,...

Se me acumula todo porque no le doy una salida dosificada en su momento.
Ya empiezo a sentir esa presión en la garganta. Me estoy volviendo a equivocar... ¿Habrá servido de algo? A lo mejor es pronto para apostar, pero diría que no. De todas formas, no le he dado "carnaza" a la bestia para que se defendiera; no he escrito lo que tenía intención de escribir. Quizás mañana, si lo necesito. Aunque espero hacerlo sin necesitarlo.

Habla mi culpa. -Cuando no tienes nada, sólo puedes ser tú mismo. O eso, o un montón de mentiras.







*Y la única orilla es la muerte.

domingo, 10 de febrero de 2013

Uno de tantos...

Hoy he tenido uno de mis sueños raros. Lo voy a contar aquí porque en parte me ha gustado. Tenía un poco de angustia y miedo como casi siempre, pero de que me he quedado agusto no me cabe duda.
Voy a intentar sintetizarlo e ir al grueso del asunto; más que nada porque no me acuerdo y porque no tengo ganas de ponerme a describir cosas tan difusas. Me limitaré a los momentos más claros y contundentes. 

Estaba yo haciendo no sé qué en una especie de nave (no espacial), conviviendo con personas conocidas y no tan conocidas allí; vamos, que estábamos ahí retenidos, y parece que nos disponíamos a iniciar el viaje hacia nuestros respectivos lugares de procedencia, cada uno por su cuenta. Daba la impresión de que estaba el lugar "recogido", como si sólo quedase ultimar los detalles de la salida.
Pues en un momento del sueño yo decidía aislarme de todo el mundo en busca de un poco de paz y tranquilidad para preparar mi viaje. Así que esa nave de repente no era tanto un sitio aislado, sino una especie de "mundo" que se extendía más allá de las cuatro paredes del recinto inicial. Esos tipos de ubicaciones que crea la mente cuando soñamos, muy difusos y dificilmente acotables. Total, que me fui a una especie de sala más pequeña, más compleja que la nave grande, donde había unas vigas y resaltos en las paredes. Así como en la nave predominaban los tonos grises, en ésta nueva sala lo hacían los tomos marrones y dorados. Y allí, solo, empecé a subirme por las paredes, a pegar saltos gigantescos en plan "Matrix". Me aventuraba a dar el primer salto arriesgándome a matarme y quedaba totalmente sorprendido por mis nuevas capacidades atlético-físicas. Y de un salto a otro..., y trepaba, corría; en definitiva, me sentía tan extraordinariamente bien en ese sentido que ni Peter Parker recién enfundado en su traje de Spiderman.
No queda aquí la cosa, ahora viene lo inquietante del asunto, lo que me hace pensar. Una persona, con la cual parecía que más afinidad sentía de entre las que nos encontrábamos en la nave, entraba en la sala donde yo no paraba de fliparme con mis nuevas habilidades. Al querer enseñarle a esta persona lo que quería hacer, fracasaba rotundamente. Era como si el ansia y la impaciencia por demostrárselo me lo impidiesen. Me precipitaba. Me sentía tan normal y torpe como siempre, ya no podía dar saltos sobrehumanos ni estrellarme contra las paredes sin sufrir ni un rasguño. Pronto comprendí cuál era el problema, así que decidí parar, relajarme, contener mi entusiasmo y focalizar mi mente. Me concentré, tomé total control de mi cuerpo y mientras esta persona seguía atenta, volví a intentarlo. Esta vez fue diferente, volví a conseguir un control sobrenatural de mi cuerpo y mente. Si cabe, más refinado y gigantesco que la primera vez. Ahora parecía que el tiempo se paraba, que para mí corría más despacio. Saltaba de una pared a otra y, mientras caía, giraba con volteretas, tirabuzones y perfectas piruetas ginmásticas. Y me daba cuenta que para mi observadora yo me movía a la velocidad que dicta la física, a pesar que yo me percibía a mí mismo girando lentamente, controlando con perfección mis movimientos.
Después de todo esto, la persona que me acompañaba y yo, nos sentábamos en la segunda sala, en unos sofás. Nos encontrábamos hablando allí cuando de repente apareció una tercera persona. Era alguien de mi pasado, un conocido, una persona peligrosa con la cual tuve problemas. Se sentaba con nosotros y empezaba a amenazarme no sé por qué. Con todo su descaro y menosprecio se atrevió a intentar amedrentarme y asustarme, despreciándome como si tuviese total control sobre mí. No me lo pensé mucho para lo que me suelo pensar las cosas, apenas dos segundos. Le lancé  un brutal golpe con el puño cerrado y orientando el interior del puño hacia su cara; de forma lateral, con el nudillo del pulgar encabezando la expedición y la muñeca en la retaguardia golpeando en última instancia. KO. Le di con tanta violencia que su cabeza quedó inclinada hacia atrás mientras sangraba por la nariz inconsciente con los ojos abiertos y desorbitados. Creí haberlo matado. Me preocupé, dándome cuenta de lo que había hecho. Por una parte deseaba haberlo matado, por otra, sin embargo, tenía miedo de haberlo hecho. Ganó mi deseo de que siguiese vivo. 
A partir de ahí parece ser que mi víctima se recuperó. No sé muy bien cómo porque el sueño dio un salto en el tiempo. Pero se recuperó e interactuaba conmigo y con el resto de gente en lo que seguía de sueño.
Yo tenía miedo de que tomara represalias. Pero sorprendido veía como estaba "más suave que un guante". Temía que sólo estuviese esperando una oportunidad para en su naturaleza cobarde aprovechar circunstancias a su favor para devolvérmela de forma letal. Sopesé matarlo para evitarme la angustia de esa incertidumbre, pero no lo hice. Y así el sueño terminó dando coletazos incoherentes y sin importancia. 

Pues nada, esto es todo. Si a alguien se le ocurre una explicación o quiere dar opinión, aquí tiene la oportunidad.





lunes, 4 de febrero de 2013

Cateto opuesto, cateto contiguo.

Qué extraña se pone la vida a veces. Pasas de un estado al opuesto sin anestesia ni tiempo para asimilarlo. 

El viernes por la mañana me sentaba aquí de nuevo a escribir de unas sensaciones oscuras que acabaron por producir en mí un vacío tan profundo que me sumió en un estado casi catatónico. Me sentí tan muerto en vida que ahora sé que si otras veces pensé que así me sentí (muerto en vida),  no fue exactamente así, sino más bien todo lo contrario. Pero decidí no publicarlo, dejarlo enterrado; como otras tantas cosas en mi vida, con las que cargué en soledad. Y con más apatía que energía, con más fe que esperanza, me sumergí en el agua purificadora del descanso del ser propio. Me abracé a mí mismo en vez de enfrentarme, y me dejé llevar. Sin pretensiones, disfrutando del camino.

Como cuando despiertas de un mal sueño y no tienes tiempo para ponerte de mal humor, me fui agarrando a la mañana. Poco hizo falta pues, si bien es verdad que soy un tipo oscuro, tanto o más tengo de luz. Porque a esa luz respondo y con ella me mimetizo. Por eso, sin tiempo para prever, todo se me hizo más fácil y agradable. Tan sutil y exponencialmente creciente que lo respiras de verdad.

Y sacas unas palabras*(1) del café con leche (literalmente), te las metes en el bolsillo sin mucho convencimiento pero con la esperanza de una buena señal, un arma que blandir.

Es bastante probable que exagere ambas cosas; que ni la oscuridad es tan oscura ni la luz es tan cegadora, pero qué más da cuando pones tu parte seguro de lo auténtico de ti. De que eres tú y no tu propio invento.
Porque puede que tan agradable como abrazarme a ti, haya sido abrazarme a mi ser. En las burbujas, en las buenas, en las malas, en las buenas. En mí.

*(1)"Para tener éxito no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien." -Jim Rohn.

La diferencia que hace una de las cosas más bonita y reconfortante, es que las dos se viven, pero la oscuridad es egoísta y cobarde, aunque parezca lo contrario, y la luz es valiente, aunque parezca lo contrario. Y yo, aunque parezca lo contrario, soy de todo eso y de todo yo, el que viste mi nombre, mi cuerpo y mi ser. Quererme en el cuerpo de la vida, con la muerte bien presente.

Es el camino del guerrero.



martes, 29 de enero de 2013

Olores de niñez

Esta tarde, justo después de regresar del cementerio, salí a correr. Eran apenas las cinco y media. Bajaba por las calles de mi barrio hacía la "Vía Verde", el lugar donde habitualmente corro, una antigua red de ferrocarril rehabilitada y adaptada para uso deportivo. Y entre olores y sensaciones me deslicé hasta mi niñez en lo que tardan unos pulmones en llenarse del aire de la vida.  

Hoy ha hecho una estupenda temperatura, un estupendo día; de esos que hacen que no puedas distinguir el otoño de la primavera, (salvo por los árboles sin hojas), de esos días a caballo entre épocas que parecen estar al margen del tiempo, como si fuesen eternos e inamovibles. Como una burbuja aparte de todo, un fortín de agradable nostalgia.
Como ya he dicho, caía temprana la tarde, era "la hora de la siesta", como dicen las madres y las abuelas; esas horas para descansar, estar tranquilos y no armar mucho ruido mientras se suceden intratables las telenovelas. Esas horas en las que solía salir a la calle cuando era niño a dar patadas a un balón o a cualquier cosa que se le pareciera, a jugar o inventar quién sabe si una trastada improvisada o a surfear sobre nuestras efervescentes mentes. En definitiva, a hacer cualquier cosa, a vivir de la inocencia. Aunque mi madre dijese aquello de: "dónde vas a la hora de la siesta con la comida en la boca, ¡no son horas!".
Y es que la tarde de este día ha sido como las de antaño; los grados justos para percibir todos los olores de unas calles secas y tranquilas como el aire del lugar, silencio y una soledad con un leve toque intrigante que se deshace como un pequeño "nudito" en el estómago. Qué paz, qué serenidad, qué inmensamente agradable ha sido transportarme tantos años atrás. Recordar esos lugares, esos rinconcitos inundados de nostalgia. El parque, "las eras", el portal de mi bloque, el bloque de Antonio, la callecita de la abuela de Paco, el arroyo, las pistas del colegio... ¡Oh!, ¡las pistas!, ¡el colegio!, esos saltos de verjas, esas aventuras... Demasiado para trasmitir amigos, demasiado para haceros entender lo que siento; tendríais que ser yo. ¡La pelota amarilla que tanto nos duró! Cómo me cuesta parar de recordar...
Y morir la tarde en la puesta de sol, el frío y el cansancio en los huesos. Regresar a casa con esa sensación de suciedad sana, deseando descansar. Hasta eso era digno de disfrutar y vivir. Y así he regresado de corre, mientras caía la noche, respirando de nuevo ese niño que aún llevo dentro. Agradecido de, a pesar de otras cosas, haber vivido la niñez que viví, que me hacen ser hoy un hombre en paz.

Ahora hay otros miedos diferentes, otras intrigas que solventar, otros caminos por los que madurar. Pero a pesar de todo, hoy no hay lugar para la queja. Es la luz iluminando mi alma. Sabedor soy de que está ahí, por muchos nubarrones que la mermen.

PDT: Todavía intento averiguar quién quiere un hijo mío con cada entrada.




Y....muchas tantas cosas más en el tintero...














jueves, 24 de enero de 2013

El menosprecio y otras reflexiones paralelas

¿Cómo sabes cuando le interesas realmente a una persona?, ¿qué es el interés?, ¿es el "por el interés te quiero Andrés", o es ese tipo de interés que está implícito en las "sanas" relaciones humanas y el cual toleramos? A ese segundo tipo lo voy a llamar "necesidad". Porque necesitamos (válgame la redundancia), ser necesitados. O, al menos, lo necesitan las personas (que no psicópatas) que no han alcanzado total madurez y equilibrio en su relación consigo mismo. Bastantes, por cierto. Así que generalizaré; lo siento por ti, Dalái Lama.

Supongamos que, en un acto egoísta, alguien utiliza a alguien; manipula para conseguir de esa persona algo, lo utiliza como un peón en su partida hacia un determinado objetivo personal. Supongamos también que lo que toma o necesita de esa persona son cosas meramente físicas o materiales; una ayuda con una mudanza, dinero, contactos laborales, etc. 
Ahora, por otro lado, supongamos que alguien utiliza a alguien. Pero esta vez tomará de esa persona algo menos material o superficial. La utilizará para disfrutar de una tarde entretenida, para sentirse cómodo y valorado, para mitigar su soledad, etc.
¿Cuál preferíais para ser utilizados? ¿Se aprecian diferencias entre los dos casos?
Sí, claramente. Quien diga que no es que le quiere dar otra vuelta de tuerca al asunto o, simplemente, tocar las narices.
Yo voy a ser ese alguien, esa mosca cojonera, ese capullo que intentará amargarte el día, contarte que tan banales y egoístas son las personas. Intentaré que te calientes la cabeza y busques una explicación, un motivo, que tengas dudas, miedos, que valores la posibilidad de ser tan mezquino como el mundo lo es contigo. Pero para hacerlo no voy a limitarme a ignorar las diferencias entre los dos casos anteriormente expuestos, no. Voy a intentar encontrar un nexo de unión, difuminar y estirar sus fronteras, creando así un camino intemedio, por el cual caminar hacia la pérdida en el caos.

Tercer caso: sexo, y el entretenimiento.
Hay muchas personas que se siente mal al saber que han sido manipuladas/utilizadas para tener sexo. Pequeño inciso: hablo de manipular, como podría hablar de utilizar, pero no tiene porqué ser lo mismo. 
Volviendo al tema. Otras personas no se sienten mal al ser utilizadas para fines meramente sexuales, es más, hasta les gusta; se sienten valoradas de alguna forma. Aunque por otra parte, y ya que hablo de sexo como máximo exponente del entretenimiento, no puedo evitar tener que hablar de las demás clases de entretenimiento, incluidas las de tipo más emocional. Son aquellas en las que una persona utiliza a alguien para no aburrirse, no sentirse solo, alimentar su ego, etc., por ejemplo. Y ese tipo de acciones vienen acompañadas en este caso con la intención de no preocuparse por la persona objeto de su disfrute más allá de la preocupación que se tiene por una simple herramienta que te resulta útil.

¿Es lo mismo utilizar que manipular? Nuestro rechazo con/para la manipulación viene dado por nuestras carencias, en lo que flaqueamos, en lo que nuestra autoestima es baja. Alguien que está utilizando a alguien al fin y al cabo siempre aporta también algo, ofrece algo, aunque solo sea su tiempo y artes de manipulación, o lo que está dispuesto a ofrecer o sacrificar para la obtención de su objetivo. Pero por eso mismo, el manipulador es el que decide y elige lo que "intercambia"; es el que engaña, no el engañado. Dar gato por liebre, he ahí la cuestión. Tan simple como eso y tanta parrafada barata para llegar a esto. A veces pienso muy seriamente que soy subnormal; con todo mis respetos a los subnormales. La vida es más simple, pero a ver quien me lo mete a mí en la cabeza con este puerto de entrada que no es ni USB ni ninguno estandar o normalizado por el que puedan enchufarme algo (y no admito chistes fáciles sobre lo de enchufarme algo).

Generalmente se tiende a querer dar de lo mismo que se quiere recibir, es como jugar con la misma moneda, con las mismas reglas del juego; sentir que puedes ponerle precio tangible, cuantificarlo, así te sientes más seguro. 
Elegir, dejar elegir, saber que estás eligiendo tú, de eso depende. Cada cual elige qué vende y por cuánto lo vende. Por eso hay tantos tipos de personas y las relaciones entre ellas se hacen tan variadas y complejas. Así que supongo que no hay que darle más vueltas al asunto y simplemente sentirse bien en ese intercambio. Como cuando haces una buena compra. Pero lo más importante es sentirse bien con uno mismo, es el primer paso.
Todo se limita a una elección, pero los cobardes se pierden por caminos paralelos para no tener que afrontar decidir. Porque elegir es sacrificar.

Si cuando alguien no te necesita o abandona, tendrás la señal para saber si te ha querido y valorado más allá de sus necesidades y tus aportes. Y para redimirme frente al Dalái Lama, aquí va una frase suya que viene a resumir gran parte de esta entrada: "A quien amas, dale alas para volar, raíces para volver y razones para quedarse".

Paso uno: me planteo un problema; paso dos: lo voy desarrollando; paso tres: después de un largo y tortuoso camino por los recovecos de mi retorcida e ineficiente mente llego a una conclusión muy simple; paso cuatro: me siento gilipollas. 












lunes, 7 de enero de 2013

Crisis. De sensaciones.

¿Qué queremos? ¿Qué buscamos? ¿Qué nos complementa? ¿Qué necesitamos?
Vacíos reconocibles, palpables, sentidos. Son los que nos emocionan, nos deprimen y hacen pensar. Y como espada de doble filo, los abismos siempre están ahí preparados a que equivoques el pie de sitio.

Llegado a este punto, y habiendo dicho a alguien hace poco que quizás escriba para desfogar ego, me encuentro en la encrucijada de ser completamente sincero o guardar de mis debilidades al extraño. Porque, por un lado, ésto confronta con el manual del buen guerrero, o, al menos, del inteligente.



.............................................



Supongo, que no soy buen guerrero.  

O soy un fanático descerebrado. O es que tengo demasiadas reacciones químicas achicarrándome el organismo; eso a los que algunos ilusos llaman "corazón". Pero guárdate de intuir, tú que me lees. Tenga piedad todo mi visitante; aunque si piedad quisiera, no me expondría en este arrojo desesperado disparado por el turbio caos de mi alma.

Generalmente siempre que superamos algo o nos libramos de una caída, nos vanagloriamos del milagro de nuestra suerte. El alivio que causa hace que nos olvidemos de que en realidad no hemos ganado más que un poco de tiempo, pero nada de fortaleza, habilidad o sabiduría. Sobrevivir; el más esencial de los instintos, y el más engañoso a mi parecer. Pero te otorga una oportunidad más, una esperanza. Sin embargo, no todo el mundo sabe apreciarlo.
Y bien se sabe que el salvavidas que te lanza el ego es sin duda el más engañoso y dañino de los fantasiosos alivios de esta vida. Ése que se alimenta de la necesidad personal. Ése que te dice que la luz te la dan las lámparas del mundo exterior, que no eres tú mismo el foco emisor. Que buscas y encuentras, que corres y que huyes, que nadas y te ahogas, que respiras y le escupes a tu más innata esencial. Un paso atrás, lleno de saltos en caminos y senderos desconocidos, aquéllos que no ves por la espesura de la niebla; pero que acompañan a cada uno de los sentimientos y momentos que caminan sobre la topografía de tu vida, esperando ansiosos de ser beneplácito de tu nuevo paso. 

Todo ésto me hace pensar que quizás camines, aprendas, sientas y disfrutes más de lo que la confusión te permite. Pero que enlazarás tus partes conforme se acerque la mañana. Éso es lo que a mí me da esperanza. Qué como círculo vicioso, me hace sentir que la pesada carga que deja sobre mi estómago la maldita nostalgia, es más soportable. Porque quiero más, quiero llenar mi infinito, de restos de tus segundos, vida. 

Y después de lo último, que es lo penúltimo, se dicta que siempre estoy equivocado.

Ya lo has conseguido. Ya no quieres nada de mí.