Esa opción de emergencia, la que no quieres llegar a tener que poner en marcha. Porque tienes otra prioridad, otra forma de hacer ese algo. La primera opción, tu manera. Y a veces ésa, tu manera, no es la acertada o correcta. O simplemente no te ha estado funcionando. Te das cuenta que lo que elegiste en primera instancia, lo que previste que pasaría, no se está cumpliendo. En absoluto. Aunque para ser justos, la vida te ha dado otras armas que no esperabas tener, que quizás no entiendas, que no sepas como usar. Que sólo encajen en tu "Plan B".
"Todo el mundo tiene un plan..., hasta que le pegas la primera hostia". Mike Tyson.
Y como los hay muy cabezones, también hay más de una hostia. Pero bueno, está más que constatado que no todos aprendemos de la misma forma. Qué remedio, es algo que aceptaremos. El resultado no tiene por qué ser peor. Simplemente tiene que encajar. Y si pensabas que ser infiel a tu primer plan de acción era negarte a ti mismo, es que se te pasó algo importante por alto. No sabías quien eras. Lo que creías saber no era todo lo que eras. Porque el plan avanza justo un instante por detrás de ti. También justo a la inversa. Siempre. Aunque no tenga sentido. No lo tiene que tener. Seguramente sea totalmente al contrario, y cuando de verdad nos negamos es cuando rehusamos o no nos atrevemos a crecer ni desarrollar lo que verdaderamente somos. Por eso nos inventamos un primer plan; por otra parte, totalmente natural y necesario.
Se va a tener que sufrir. Si supiéramos todo lo que hay que saber, si supiéramos todo lo que va a pasar, si supiéramos todo lo que tenemos que ser, nada de esto tendría sentido. Y acabaría todo en el mismo punto que empieza, sin dimensiones ni grandeza. Sin vida.
No me quedan letras para poner a mi plan. Ni falta que me hacen.
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