Qué extraña se pone la vida a veces. Pasas de un estado al opuesto sin anestesia ni tiempo para asimilarlo.
El viernes por la mañana me sentaba aquí de nuevo a escribir de unas sensaciones oscuras que acabaron por producir en mí un vacío tan profundo que me sumió en un estado casi catatónico. Me sentí tan muerto en vida que ahora sé que si otras veces pensé que así me sentí (muerto en vida), no fue exactamente así, sino más bien todo lo contrario. Pero decidí no publicarlo, dejarlo enterrado; como otras tantas cosas en mi vida, con las que cargué en soledad. Y con más apatía que energía, con más fe que esperanza, me sumergí en el agua purificadora del descanso del ser propio. Me abracé a mí mismo en vez de enfrentarme, y me dejé llevar. Sin pretensiones, disfrutando del camino.
Como cuando despiertas de un mal sueño y no tienes tiempo para ponerte de mal humor, me fui agarrando a la mañana. Poco hizo falta pues, si bien es verdad que soy un tipo oscuro, tanto o más tengo de luz. Porque a esa luz respondo y con ella me mimetizo. Por eso, sin tiempo para prever, todo se me hizo más fácil y agradable. Tan sutil y exponencialmente creciente que lo respiras de verdad.
Y sacas unas palabras*(1) del café con leche (literalmente), te las metes en el bolsillo sin mucho convencimiento pero con la esperanza de una buena señal, un arma que blandir.
Es bastante probable que exagere ambas cosas; que ni la oscuridad es tan oscura ni la luz es tan cegadora, pero qué más da cuando pones tu parte seguro de lo auténtico de ti. De que eres tú y no tu propio invento.
Porque puede que tan agradable como abrazarme a ti, haya sido abrazarme a mi ser. En las burbujas, en las buenas, en las malas, en las buenas. En mí.
*(1)"Para tener éxito no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien." -Jim Rohn.
La diferencia que hace una de las cosas más bonita y reconfortante, es que las dos se viven, pero la oscuridad es egoísta y cobarde, aunque parezca lo contrario, y la luz es valiente, aunque parezca lo contrario. Y yo, aunque parezca lo contrario, soy de todo eso y de todo yo, el que viste mi nombre, mi cuerpo y mi ser. Quererme en el cuerpo de la vida, con la muerte bien presente.
Es el camino del guerrero.
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