Hoy he tenido uno de mis sueños raros. Lo voy a contar aquí porque en parte me ha gustado. Tenía un poco de angustia y miedo como casi siempre, pero de que me he quedado agusto no me cabe duda.
Voy a intentar sintetizarlo e ir al grueso del asunto; más que nada porque no me acuerdo y porque no tengo ganas de ponerme a describir cosas tan difusas. Me limitaré a los momentos más claros y contundentes.
Estaba yo haciendo no sé qué en una especie de nave (no espacial), conviviendo con personas conocidas y no tan conocidas allí; vamos, que estábamos ahí retenidos, y parece que nos disponíamos a iniciar el viaje hacia nuestros respectivos lugares de procedencia, cada uno por su cuenta. Daba la impresión de que estaba el lugar "recogido", como si sólo quedase ultimar los detalles de la salida.
Pues en un momento del sueño yo decidía aislarme de todo el mundo en busca de un poco de paz y tranquilidad para preparar mi viaje. Así que esa nave de repente no era tanto un sitio aislado, sino una especie de "mundo" que se extendía más allá de las cuatro paredes del recinto inicial. Esos tipos de ubicaciones que crea la mente cuando soñamos, muy difusos y dificilmente acotables. Total, que me fui a una especie de sala más pequeña, más compleja que la nave grande, donde había unas vigas y resaltos en las paredes. Así como en la nave predominaban los tonos grises, en ésta nueva sala lo hacían los tomos marrones y dorados. Y allí, solo, empecé a subirme por las paredes, a pegar saltos gigantescos en plan "Matrix". Me aventuraba a dar el primer salto arriesgándome a matarme y quedaba totalmente sorprendido por mis nuevas capacidades atlético-físicas. Y de un salto a otro..., y trepaba, corría; en definitiva, me sentía tan extraordinariamente bien en ese sentido que ni Peter Parker recién enfundado en su traje de Spiderman.
No queda aquí la cosa, ahora viene lo inquietante del asunto, lo que me hace pensar. Una persona, con la cual parecía que más afinidad sentía de entre las que nos encontrábamos en la nave, entraba en la sala donde yo no paraba de fliparme con mis nuevas habilidades. Al querer enseñarle a esta persona lo que quería hacer, fracasaba rotundamente. Era como si el ansia y la impaciencia por demostrárselo me lo impidiesen. Me precipitaba. Me sentía tan normal y torpe como siempre, ya no podía dar saltos sobrehumanos ni estrellarme contra las paredes sin sufrir ni un rasguño. Pronto comprendí cuál era el problema, así que decidí parar, relajarme, contener mi entusiasmo y focalizar mi mente. Me concentré, tomé total control de mi cuerpo y mientras esta persona seguía atenta, volví a intentarlo. Esta vez fue diferente, volví a conseguir un control sobrenatural de mi cuerpo y mente. Si cabe, más refinado y gigantesco que la primera vez. Ahora parecía que el tiempo se paraba, que para mí corría más despacio. Saltaba de una pared a otra y, mientras caía, giraba con volteretas, tirabuzones y perfectas piruetas ginmásticas. Y me daba cuenta que para mi observadora yo me movía a la velocidad que dicta la física, a pesar que yo me percibía a mí mismo girando lentamente, controlando con perfección mis movimientos.
Después de todo esto, la persona que me acompañaba y yo, nos sentábamos en la segunda sala, en unos sofás. Nos encontrábamos hablando allí cuando de repente apareció una tercera persona. Era alguien de mi pasado, un conocido, una persona peligrosa con la cual tuve problemas. Se sentaba con nosotros y empezaba a amenazarme no sé por qué. Con todo su descaro y menosprecio se atrevió a intentar amedrentarme y asustarme, despreciándome como si tuviese total control sobre mí. No me lo pensé mucho para lo que me suelo pensar las cosas, apenas dos segundos. Le lancé un brutal golpe con el puño cerrado y orientando el interior del puño hacia su cara; de forma lateral, con el nudillo del pulgar encabezando la expedición y la muñeca en la retaguardia golpeando en última instancia. KO. Le di con tanta violencia que su cabeza quedó inclinada hacia atrás mientras sangraba por la nariz inconsciente con los ojos abiertos y desorbitados. Creí haberlo matado. Me preocupé, dándome cuenta de lo que había hecho. Por una parte deseaba haberlo matado, por otra, sin embargo, tenía miedo de haberlo hecho. Ganó mi deseo de que siguiese vivo.
A partir de ahí parece ser que mi víctima se recuperó. No sé muy bien cómo porque el sueño dio un salto en el tiempo. Pero se recuperó e interactuaba conmigo y con el resto de gente en lo que seguía de sueño.
Yo tenía miedo de que tomara represalias. Pero sorprendido veía como estaba "más suave que un guante". Temía que sólo estuviese esperando una oportunidad para en su naturaleza cobarde aprovechar circunstancias a su favor para devolvérmela de forma letal. Sopesé matarlo para evitarme la angustia de esa incertidumbre, pero no lo hice. Y así el sueño terminó dando coletazos incoherentes y sin importancia.
Pues nada, esto es todo. Si a alguien se le ocurre una explicación o quiere dar opinión, aquí tiene la oportunidad.