Hoy he vuelto a pecar de falta de arrojo. Ni siquiera ha sido averde. Patachás.
La cuestión es que otra vez he dejado sin dar forma física a mis pensamientos. ¿Me arrepiento? Aún es temprano para hacerlo. Eso me haría sentir poco honesto conmigo mismo. Y así ha pasado mi mañana. Sin pena ni gloria.
La tarde ha ido cogiendo el regusto de esa nostalgia nacida de un embarazo psicológico, que de vez en cuando me corre por dentro. Algo inventado que se te ha escapado. Algo que ni existe ni existió. Y sabe mal, sabe raro. Aunque despierte cierta esperanza por recuperar lo que nunca tuve. Es raro. Pero esa nostalgia sigue corriendo ahora. Como el veneno que son mis ganas de vivir. Que tantas ganas tuve siempre de vivir que se me atascaron. Me dejaron simplemente con eso, con las ganas.
Volvemos a lo de siempre. Estancamiento. Pero sin saber si estoy atascado de mierda o flores.
Al menos ya he afianzado la idea en mi cabeza de que lo más importante es vencer el miedo. Toda clase de miedo.
Hoy la nota es un 3. Pelao.
Y más de lo mismo. Cada vez de un color.