viernes, 8 de marzo de 2013

Alegato (1)



Si crees que hacer lo que te gusta no requiere nada de esfuerzo, estás equivocado. El problema es cuando ni siquiera sabes lo que te gusta. Todo se hace entonces tan tedioso como arrastrar contigo un cadáver maloliente; el cadáver de la fe, ésa que te falta, pero que no tienes más remedio que verte obligado a llevar contigo si no quieres acabar consumido por tu inoperancia. Hay infinitos caminos, pero sólo una dirección. Al frente. Esa es la salvación. Porque, como repetía enfurecido cuando me perdí en el monte con mis amigos, "si nos quedamos quietos moriremos". Estancados como el agua que nunca logramos ver, como el agua que nos faltaba para beber allí, bajo el tórrido sol de agosto. Sediento. 

Habla mi fuerza. -El guerrero de la luz continúa sin fe. Pero sigue adelante y la fe termina volviendo. (Coelho).

Volviendo a lo de antes, con respecto al esfuerzo que cuesta hacer lo que te gusta, he de decir que me gusta escribir aquí. De una forma u otra lo disfruto, me sirve para, creo, algo positivo. Aunque, escribir sólo cuando no estoy bien o tengo cosas que me reconcomen por dentro, me hace pensar que, más que algo que me gusta, es algo que necesito, una especie de terapia, una reconciliación conmigo mismo. El problema es cuando me empieza a gustar de verdad, cuando me empiezo "a gustar". Entonces, según avanzan las letras por la pantalla se me hace más duro mantenerme escribiendo algo de calidad, algo que sienta que me gusta. Y me cuesta, y me da pereza, o no siento que pueda merecer la pena. Ese sentimiento otra vez, ese sentimiento de falta de fe, de no creer ni en mí mismo ni en mi obra. Pero como cuando más a gusto me siento escribiendo es cuando más abatido y sosegado me encuentro, sopeso la posibilidad de que ese esfuerzo del que hablaba no sea más que causa de forzar mi ser. Por eso, cuando caigo en las fauces de la ira o del pasional gesto de revolverme contra qué sé yo, es cuando más se aplica el dato delante del último punto y seguido expuesto. ¿Por qué no escribo en las ocasiones que estoy bien? ¿Es quizás que no lo estoy realmente? ¿Es quizás que simplemente floto adormecido e indoloro en mi letargo? Tema aparte. Las mismas dudas y retrospectiva absurda que nunca me llevó a nada sin el amparo de los hechos. Por qué tanta importancia al porqué. La camisa de  once varas en la que se mete un pobre diablo con complejo de superioridad. O excusas. 

Hablan mis ideales. -Éste es mi sino, mi elixir y mi veneno. No es lo acepado o lo renegado. Es el control del todo. Es la búsqueda de la autoperfección.

Bueno, no estaba aquí para esto... Rebobinemos. La verdad es que estaba esperando un estado de abatimiento que no se disipase entre mi pereza, para poder hablar conmigo mismo a través este medio. Darme unos preceptos e indicaciones de peso para que me sirvan de arma contra mí mismo. Es como intentar cogerme por sorpresa, tenderme una emboscada. Esto es una lucha interna. Esto es la astucia de la bestia negra cuando no le vale revolverse con fiereza y violencia contra el carcelero. O mejor, esto es como alimentar y provocar a la bestia para que luche por mi vida. Por nuestras vidas, amigo carcelero. Mitad tan propia como ajena, parte de mí. Tú, el momento de inercia desbocado, necesario para mi ansiado equilibrio de momentos, el equilibrio del sistema. Controlarte, como lo haces tú ahora conmigo. Y digo conmigo, porque no puedo evitar sentirme más víctima que verdugo ahora, porque es el acorralado el que necesita de ayuda.

Habla mi cinismo. -Eres un gilipollas.

Soy tan abstracto en mis pensamientos que estoy condenado a ser concreto con mis actos. Lo que peor hago: focalizar. No mente, no mente, no mente,...

Se me acumula todo porque no le doy una salida dosificada en su momento.
Ya empiezo a sentir esa presión en la garganta. Me estoy volviendo a equivocar... ¿Habrá servido de algo? A lo mejor es pronto para apostar, pero diría que no. De todas formas, no le he dado "carnaza" a la bestia para que se defendiera; no he escrito lo que tenía intención de escribir. Quizás mañana, si lo necesito. Aunque espero hacerlo sin necesitarlo.

Habla mi culpa. -Cuando no tienes nada, sólo puedes ser tú mismo. O eso, o un montón de mentiras.







*Y la única orilla es la muerte.

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