Como el animal que solloza asustado mientras es acorralado. Que tan cerca ve ya la pared y la espada que se pierde y encuentra a si mismo en un inesperado punto de inflexión. Es un cambio de tendencia. Instinto de supervivencia. En el hombre muta a la forma del orgullo más naturalmente arraigado. Y los lloros y plegarias a fuerzas divinas, se convierten en dientes, garras y una infinita onda expansiva de carácter. Porque todos somos eternos e inmortales, justo un instante antes de perder la vida. Irónico.
Poco importa ya el miedo, que no es sino más que no querer perder esa lejana y falsa oportunidad de descarga de responsabilidad. Y como sólo se controla y tiene a si mismo, la fiera se revuelve.
Una y otra vez. Hasta que aprende a hacerse hombre. Mientras se convierte en guerrero.
Y la fiera se revuelve.
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