Suena levemente,
suena a distracción;
nadie sabría si es el relente,
de unas circunstancias en conmoción.
Uno que lee a Becquer,
así, por sin ton ni son;
luego prende estropicio a la métrica,
al estilo y al rigor;
solo queda desgarr-arte,
puesto en manos de la pasión.
Suena nuevamente,
ahora por contradicción;
que se congela y se prende,
aunque siempre quema en frustración;
Se pone firme en su mirada,
cuello al frente, sujételo;
otra vez que se remienda,
ahora ni una sonrisa ni atención;
¡¡ya le falta otra vez la vida!!,
deje paso, tráguelo.
Viene él ya convencido,
a los catorce se trasladó,
tiernos años adolescentes,
sobre todo para el inocente amor.
Ya no mide, como dije,
ni métrica ni exageración;
se le escapa de las manos,
pero eso sí, mínimo ocho son,
las baldosas que le quedan,
entre su puerta y el valor,
entre una y cinco más de ellas,
allá, su margen de ambición.
De plomo se llena,
bola hunde hacia el estómago;
quieta densa y, ¡¡late!!;
joder, resulta que queriendo estoy,
¡¡vomitar mi corazón!!.