Llevo varios días sin poder dormir muy bien, y la madrugada del sábado día 5 no fue diferente. Así que a eso de las 6 de la mañana y ante la imposibilidad de volver a conciliar el sueño, me dije: "ey, ¿qué tal si subo al pico Mulhacen?, por ejemplo...".
Y allá que fui. Preparé todo. Llené mi "mochila para todo" de varios litros de agua, comida y lo que creí necesario. Me vestí, me calcé e intenté olvidar los miedos.
Sobre las 6:40 a.m. estaba saliendo ya dirección Granada. El viaje se hizo corto, intentando no pensar demasiado, sintiendo que me estaba encaminando, que me estaba sumergiendo ya en la aventura. Sabía que podría darme la vuelta en cualquier momento, pero también sabía que ya no me libraría del "fracaso". El simple hecho de haber gastado unos euros de gasolina para nada, ya sería suficiente para sentir que había hecho el tonto ante mi indecisión y poco arrojo. Esos momentos que te sobrecogen, y no sabes si es para bien o para mal.
7:50 a.m. aproximadamente. Yo, en una gasolinera a los pies de Sierra Nevada, comprando una barrita de chocolate como excusa para poder entrar al baño y "soltar" todo el "miedo" que me sobraba. Eso me alteró los planes un poco, y al final acabé llegando a Pradollano sobre las 8 y media. Unas cuantas vueltas por el "pueblo" buscando el acceso a los albergues hicieron que me retrasase aún más. Ahí ya empecé a frustrarme y a maldecirme, un poco. Solo un poco.
Pero bueno, una vez aparcado el coche en el parking entre los albergues Universitario y Hoya de la Mora, me dispuse a caminar. Eran las 9 de la mañana y hacía poco que había terminado de amanecer.
Me puse en marcha sin saber muy bien a dónde me dirigía e intentando convencerme de que si solo podía llegar al Veleta, ya habría merecido la pena. Que no me iba a forzar haciendo ninguna temeridad. Pero algo dentro de mí sabía que no me iba a conformar.
Visualizado el primer punto clave, ya tenía una senda que coger. Hacia el monumento "Virgen de las Nieves".
Y dejaba ya el parking atrás...
Para subir al Mulhacen, la mayoría de la gente lo que hace es coger una furgoneta lanzadera hasta las "Posiciones del Veleta". Una subida hasta 3 mil metros s.n.m. que reduce la ruta en kilometraje y dureza. Pero claro, hay que reservar plaza con antelación y, además, consideré que no sería verdaderamente un reto hecho de esa forma. Así que...hasta los pies del Veleta...
Hasta el Veleta...
Hasta el Veleta...
En hora y tres cuartos casi estaba ya en la cima del Veleta. Por error. Me equivoqué en la bifurcación y comencé a subir al pico sin saberlo, hasta que me encontré a un montañero que bajaba al cual le pregunté. Me dijo que estaba apunto de coronal el Veleta.
Y como no tenía tiempo que perder, porque todavía tenía miedo de que no me diesen de si las horas de sol, pues volví para atrás, a buscar la senda que rodeaba por la cara oeste hacia la sur y me situaba en la pista hacia el Mulhacen.
Me costó, no sabía si iba bien. Fue la primera vez que me vi perdido. Tuve que bajar por unos neveros por una pendiente bastante escarpada y la niebla me dio la bienvenida. La cosa se empezaba a poner fea y yo ya me preguntaba que dónde me había metido...
Pero la verdad es que pronto encaré la pista y el subidón fue considerable viéndome ya a salvo y bien situado. Esto ya parecía más real, más posible. Y más después de ver la tan deseada por mí, laguna de Aguas Verdes. Esa fue la señal definitiva de que lo conseguiría.
Estaba ya a 3 mil metros de altura y, ahora más que nunca, tenía miedo por el mal de altura. No sabía si me iba a coger por sorpresa todavía, y más después de tantísimo esfuerzo. Que, aunque sabía que ahora el camino hasta la base del Mulhacen no iba a ser tan duro como la primera etapa, sabía también que ahora mis fuerzas estaban mucho más mermadas.
Pero me volví a equivocar, y esta vez no fue de camino, sino al medir mis fuerzas. Me volví a subestimar. Con casi 15 kms andados y más de 500 metros de altitud superados, me vine arriba. Paso ligero, demasiado ligero. Tan ligero que una vez pasado el "Paso de los Machos"...
..., superada la puerta en la piedra...
...y rodeando la "Loma Pelá", no podía creer que eso que tenía a mis pies era la laguna de la Caldera, el refugio del mismo nombre y el Mulhacen enfrente. No podía ser cierto. Eran aproximadamente las 11:55 y ya estaba practicamente ante mi objetivo. Parece cachondeo, pero se me hizo bastante corto este último tramo.
Paré, me acomodé la ropa, me hidraté y me mentalicé. Elegí la ruta de ascenso al pico entre tres que se diferenciaban. La primera, por la que iba la gente, era la que daba salida desde el refugio de la Caldera, más larga pero con menos pendiente, parecía la más asequible. La segunda enlazaba con la primera ya a bastante altura, casi en la cima; era de una pendiente mucho más pronunciada. La tercera consistía en rodear el Mulhacen y afrontar la subida por la cara sur, más larga pero más suave.
Yo elegí la segunda. Nadie iba por ahí y decidí atacar el pico en solitario, como todo el trayecto. Creo que me volví a equivocar al elegir... Sin bastones como la gente tuve que tirar de piernas y apoyar las manos en las rodillas para sustituir la falta de este material técnico.
Se hizo duro, el corazón casi se me salía del pecho.Pero lo conseguí, había coronado el Mulhacen en menos de 40 minutos y seguía vivo.
Le pedí a una cabra que me echara la clásica foto junto al hito.
Estuve unos 20 minutos en la cima comiendo algo y descansando. Luego, bajé para abajo y saqué algunas fotos. Incluidas las siguientes, de un compañero alado que me acompañó toda la bajada y la de la laguna de la Caldera.
Una vez ya abajo, me comí mi bocata de atún en el refugio de la Caldera y a las 2 y media de la tarde emprendí la vuelta hacia el coche. A desandar lo andado...
En dos horas y media practicamente ya estaba en el coche, sobre las 5 de la tarde.
Total, unas 7 horas de recorrido sin contar los descansos. Me porté, teniendo en cuenta que en todas partes hablan de entre 10 y 12 horas. Casi 50 kms entre pecho y espalda. No está mal.
Ahora me duele todo, pero bueno, me recuperaré. Reto superado, mejor de lo que creía. Ahora toca seguir con más. Éste ha consistido en subir alto, el próximo, quizás sea a poco más del nivel del mar. Y seguramente sea mucho más complicado. Pero no dejaré de intentarlo.
No sé qué me llevo de esto, porque la verdad, no sé si me ha dejado algo importante. En parte subí al Mulhacen a encontrarme a mí mismo, y yo no estaba allí, así que seguiré buscándome. Por otra parte, intentaba acallar pensamientos en mi cabeza, tampoco lo conseguí, me encontré con fantasmas allí arriba, nacidos de esos mismos pensamientos y recuerdos.
La cuestión es que hoy vuelve a ser domingo, de esos malditos domingos de mi vida, y vuelvo a sentirme vacío. Creo que no es ésto lo que necesitaba demostrarme a mí mismo.
Y con tanto que decir, con tanto acumulado en mi cabeza que ni en el momento más extenuante de la caminata pude parar, me despido, apático de nuevo. Esperando que me vuelva a surgir el arrebato de rabia y energía. Y que algún día no se vaya, se quede conmigo, y no me vuelva a dejar solo.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario