¿Qué queremos? ¿Qué buscamos? ¿Qué nos complementa? ¿Qué necesitamos?
Vacíos reconocibles, palpables, sentidos. Son los que nos emocionan, nos deprimen y hacen pensar. Y como espada de doble filo, los abismos siempre están ahí preparados a que equivoques el pie de sitio.
Llegado a este punto, y habiendo dicho a alguien hace poco que quizás escriba para desfogar ego, me encuentro en la encrucijada de ser completamente sincero o guardar de mis debilidades al extraño. Porque, por un lado, ésto confronta con el manual del buen guerrero, o, al menos, del inteligente.
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Supongo, que no soy buen guerrero.
O soy un fanático descerebrado. O es que tengo demasiadas reacciones químicas achicarrándome el organismo; eso a los que algunos ilusos llaman "corazón". Pero guárdate de intuir, tú que me lees. Tenga piedad todo mi visitante; aunque si piedad quisiera, no me expondría en este arrojo desesperado disparado por el turbio caos de mi alma.
Generalmente siempre que superamos algo o nos libramos de una caída, nos vanagloriamos del milagro de nuestra suerte. El alivio que causa hace que nos olvidemos de que en realidad no hemos ganado más que un poco de tiempo, pero nada de fortaleza, habilidad o sabiduría. Sobrevivir; el más esencial de los instintos, y el más engañoso a mi parecer. Pero te otorga una oportunidad más, una esperanza. Sin embargo, no todo el mundo sabe apreciarlo.
Y bien se sabe que el salvavidas que te lanza el ego es sin duda el más engañoso y dañino de los fantasiosos alivios de esta vida. Ése que se alimenta de la necesidad personal. Ése que te dice que la luz te la dan las lámparas del mundo exterior, que no eres tú mismo el foco emisor. Que buscas y encuentras, que corres y que huyes, que nadas y te ahogas, que respiras y le escupes a tu más innata esencial. Un paso atrás, lleno de saltos en caminos y senderos desconocidos, aquéllos que no ves por la espesura de la niebla; pero que acompañan a cada uno de los sentimientos y momentos que caminan sobre la topografía de tu vida, esperando ansiosos de ser beneplácito de tu nuevo paso.
Todo ésto me hace pensar que quizás camines, aprendas, sientas y disfrutes más de lo que la confusión te permite. Pero que enlazarás tus partes conforme se acerque la mañana. Éso es lo que a mí me da esperanza. Qué como círculo vicioso, me hace sentir que la pesada carga que deja sobre mi estómago la maldita nostalgia, es más soportable. Porque quiero más, quiero llenar mi infinito, de restos de tus segundos, vida.
Y después de lo último, que es lo penúltimo, se dicta que siempre estoy equivocado.
Ya lo has conseguido. Ya no quieres nada de mí.
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