domingo, 12 de febrero de 2012

De las sábanas

Hay cosas que nunca acabas de entender o, a lo mejor, es que no quieres darte cuenta de las cosas que lo hacen entendible. Y no quieres porque, a veces, cosas simples y superficiales, cosas poco profundas y un tanto banales, hacen que todo eso aparentemente tan intenso y profundo, sentimientos nobles y arraigados, se vean derrotados. No puedes digerirlo y vomitas. Vomitas pensamientos y sentimientos desbordados fruto del caos interno que ha causado ese gran impacto en tus adentros.

No sé si es bueno escribir de esto ahora mismo por lo fresco de lo acontecido pero, quizás sea conveniente dejarlo zanjado cuanto antes. Darle el final que merece y poder empezar un nuevo folio sobre mi vida.
Me vuelve el dolor, ahora, a las 16:25 h. Es buena idea escribir y zanjar… Estas cosas que trastornan mis planes y mi vida hacen que, por ejemplo, escriba tan desestructurado para queja de alguna persona.

¿Y ahora qué me toca? ¿Esperar impaciente y desvivirme por una señal tuya a la cual dar réplica? No, no puedo, porque ya lo estoy haciendo y duele saber que no es como yo quiero.
Pasé del frío al calor, y tanto me calenté que ahora ardo en llamas. Esto es un giro teatral. ¿Cómo iverno de nuevo ahora?

Deberíamos empezar por la fascinación que me causan algunos aspectos de la vida. A esos aspectos le daremos forma material, le construiremos una personalidad y le pondremos nombre de mujer, por ejemplo. La vamos a llamar Galilea.
Ya que la he bautizado con nombre de mujer, imaginaré su cuerpo y éste será también de mujer. La dibujaré de figura estilizada, alta, nunca más que yo. Trazaré bonitas líneas curvas por sus pechos y caderas. La dotaré de largas piernas. Colorearé su tez muy clara, con un color tan frío y cálido como solo así puede ser el más duro invierno al amparo del calor de una cómoda cama. Retocaré su rostro con elementos únicos, tan únicos que solo juntos puedan hacer reflejar esa sonrisa casi divina que no paro de imaginar sobre el lecho de tan hermosa serenidad. Su piel causará adicción por su suavidad. Le pintaré los labios rojos para mí, y su melena castaña, suelta o recogida, qué más da, sigue siendo capaz de enamorar.
En cuanto a su personalidad, la describiré miedosa y temeraria, justo como yo. Inteligente pero sin abrumar. Ingeniosa, tal que le hace salir todo solo. Natural. Débil y fuerte. Débil a mis besos, fuerte a mis sentimientos. Será extremadamente sensible, no tanto como yo. Será noble. Algo caprichosa, pero sabrá reconoce sus caprichos y sus errores. Será apasionada y tímida; sí, al mismo tiempo. Será tantas cosas que me quedarán por saber.
Cuando dé conmigo su vida habrá sido problemática e intensa. Habrá vivido deprisa. Le supondré entre veinte y cien amantes; muchos de ellos no la merecieron, por ellos sentiré una rabia tan desproporcionada como irracional. Incluso a la vida me enfrentaría por intentar quitarle lo que le corresponde. Desearé que consiga tener aquello que merece, todo bueno.

Ya no puedo seguir imaginando, cambio de planes, otra vez más. Otras vez tan frágil, tan volátil. Y es que ya no estamos en la cama, y es todo tan diferente..
De todas formas, para qué imaginarla si ya la vi una vez. Y tanto la imaginé que la vi tan bonita e idílica que ahora no me queda más remedio que olvidarla. 

Sigo sin saber si quiero quitar las sábanas impregnadas de su olor hoy mismo o esperar hasta mañana. ¿Me mereces? Quédate. ¿Me mereces sin quererme como me quieres? Es algo que no consigo entender.

Ahora si que de verdad me tocará ser un hombre prudente.

Ya no puedo más, me voy.

Le doy gracias a la vida por darme la oportunidad de vivir cosas así, aún a costa de mis fuerzas. Ha sido tan bonito que merece la pena pasar ahora por esto. Gracias por existir.














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