Dicen que: "El problema de desaparecer es que, cuando quieres aparecer, los demás ya han desaparecido". De todas formas, creo que me arriesgaré.
Los témpanos de hielo que por mi piel resbalan no me hacen obtener más que un corazón anestesiado. Tengo frío, mucho frío. Llevo semanas con frío. Cuando los demás no tienen frío, yo tengo frío. Tengo frío a 2 grados, a 14, a 8.5, tengo frío a 17 grados. Y es que yo antes solía ser caluroso, nada me hacía tiritar a más de los 32 grados de la escala de mi tocayo Fahrenheit. Cero absoluto. El frío no me deja apenas sentir nada más.
A todo esto, holaquétal.
Me han comentado que estoy desaparecido, asocial, irritable, pasota, borde, desagradable, de mala hostia, y demás lindezas. Lo cierto es que, en parte, me la viene trayendo al viento. ¿Habré entrado en la famosa espiral de autodestrucción que no lleva a nada? Es probable, pero ni siquiera, este estado nuevo para mí, me causa la menor de las conmociones. No sé si estaré haciendo bien o mal, ni por quién lo estaré haciendo en los anteriores dos casos; pero, sin más, seguiré como quien no tiene nada que perder. Porque si me pongo a pensar que he tocado fondo, seguiré cayendo.
En fin, es que no estoy para tonterías. Y que ya es hora de dejar de estar pendiente de quien me sigue o quien me abandona. Estoy bastante harto.
Y, ¿por qué escribo aquí esto si me da exactamente igual? Pues para remover conciencias, dar pena, autocompadecerme. No. Nunca más. Me daría asco, sentiría aversión profunda por todo aquel que se tomase esto como una llamada. Es más, prefiero que no me vengan a buscar. Ni frases hechas, ni preocupaciones que duran lo que dura un momento de aburrimiento, ni calor de roña quemada, ni fantasma de las navidades pasadas con su consiguiente conversión de anciano cascarrabias a paloma cobijada.
Generalmente mis momentos de temeridad pasan rápido y me arrepiento de haberlos tenido. Este año empieza diferente en ese sentido, aún no me he arrepentido. Por eso, a lo mejor, ahora, mientras escribo esto, empiezo a sentir ese arrepentimiento poco a poco. Como el calor en forma de miedo que deshiela mi alma de nuevo. No quiero ese calor, ya me quemó demasiado. Aunque insaciablemente, mi ese otro yo, lo busca para poder sentirme de nuevo débil. Todo eso puede que sea el verdadero porqué de estas palabras impresas en mi pantalla. Mira qué bien, guardo algo de esperanza.
No tengo nada más que escribir, ni nada más que leer.
Con Dios.
Una imagen vale más que mil palabras... o eso dicen. Tú sabes:
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Siempre tuve predilección por este encantador personaje :D
EliminarGracias por lo de personaje. Lo sabía.
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