Hace ya bastantes años, en mi adolescencia, me topé de frente con la persona que hasta ese momento más me habría de intimidar.
Caminaba yo tranquilamente una mañana de sábado, creo, hacia casa de un amigo. Niño asustadizo, nervioso y angustiado, como siempre he sido, no puede evitar sobresaltarme cuando tuve a ese individuo frente a mí.
El breve pero intenso encuentro se produjo tan inesperada y brutalmente que no lo vi venir, simplemente, apareció en mi campo de visión, como por arte de magia, pocos metros antes de girar en una esquina. Tanto fue así que mis ojos no consiguieron enfocar y dar nitidez alguna a dicho personaje antes de que el miedo apareciese a escena.
Hace dos días volvió a suceder algo parecido. Esta vez la sensación fue, si cabe, aún más impactante, más intimidatoria. No pude sostener ni por una diezmilésima de segundo la mirada a ese hombre del que ni siquiera veía nítidos sus ojos, ésos que se clavaban en los míos. Solo conseguí captar su energía, más que por visión por emoción; su fortaleza y firme estampa me paralizó el corazón. Nunca había sentido una energía igual, nunca una presencia me había parecido tan imponente.
Todo pasó tan rápido que décimas después mi raciocinio me hizo caer en la cuenta de que en ese leve giro de cabeza había dado con un espejo inesperado. Era mi reflejo. Ese individuo que había hecho que se me congelara la respiración era yo mismo reflejado en un burdo espejo. La primera vez que sucedió el reflejo provenía de un escaparate de una tienda de muebles.
Y de qué tengo miedo, me pregunto. ¿Acaso lo tengo de mí mismo?, ¿o es tan solo que tengo tanto miedo que de hasta de mí mismo me asusto?
A lo mejor, es que lo que debería reflejar es el miedo.
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El cerebro es su afán por la supervivencia hace que aprendamos a tener miedo como sistema de alerta. Es bestial la eficiencia que puede conseguir en cuanto a esto. Y yo, más que un sistema de alerta pareciera que tengo una especie de "sentido arácnido" (películas a parte..). Humano, demasiado humano; también en esto.
Solo que los tiempos cambian, y lo que era una ventaja para el hombre primitivo es una traba para el hombre moderno en esta sociedad de ahora. Me he quedado atrapado en los marcadores genéticos del Homo rhodesiensis.
Y como me he pasado el fin de semana leyendo y viendo cosas relacionadas con la evolución humana, ánimo a indagar en el tema, es interesante.
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