viernes, 2 de marzo de 2012

Autodestrucción

"Según Freud el contenido esencial de la evolución cultural consiste en la lucha entre el instinto de la vida (Eros) y el instinto de destrucción (Thanatos). O sea, la evolución cultural “podría ser definida brevemente - según palabras textuales del autor - como la lucha de la especie humana por la vida”. Freud describe al Instinto de vida (Eros) y al Instinto de Muerte(Thanatos) como contrarios, como opuestos, pero una de las manifestaciones del Thanatos, la agresividad, al orientarse hacia el mundo exterior, está actuando al servicio de Eros, pues la persona, en este caso el protagonista “destruiría algo externo, animado o inanimado, en lugar de destruirse a sí mismo”, poniendo de manifiesto, así, el carácter conservador de Eros: “Dicho instinto de agresión es el descendiente y  principal representante del instinto de muerte que hemos hallado junto a Eros y que con él comparte la dominación del mundo”. La extrema agresión del protagonista hacia el mundo donde él se encuentra, y por el hecho de dirigirse esta agresión al exterior, es, aparte de ser una manifestación de su instinto destructivo, una unión con su instinto de vida, o Eros, pues es auto conservacional, por el hecho de ser una agresión no autoinferida, y por ser una forma de satisfacer sus necesidades más libidinosas, obteniendo de este modo el placer final."

Es cierto que experimento un cierto placer, uno de esos parecido a rascarse una picadura o al escozor que produce hincar los dientes en heridas abiertas del propio labio. Pero breve es el tiempo que transcurre hasta que me vengo abajo por esa sensación continua de quemazón, el escozor. El problema es que cada vez ese tiempo se hace más extenso, pareciendo que me estoy acostumbrando o inmunizando contra el escozor; cada vez lo aguanto mejor, y cada vez resulta más placenteramente masoquista.

A veces me vuelvo realmente pendenciero, agresivo, arrogante, desafiante e incluso temerario. No es que me gusten los problemas, pero me cuesta controlarlo. Durante gran parte de mi vida e intentado controlar esa parte de mí, mi "otro yo"; escapándose de forma desmedida en ocasiones puntuales. Pero cada vez me es más difícil retenerlo, mantener intactas las cadenas que atan esa parte de mí que me ha dado tanto miedo siempre. Por ese miedo quizás soy quien soy, esa parte prudente, que siempre está alerta, que sabe medir los peligros y que no baja la guardia, esa parte que me convierte en una persona cautelosa, paciente, pacífica, comprensiva incluso con actitudes y hechos lamentables, ese yo compasivo, que siente lástima cuando alecciona justamente, el tipo que se deja martillear por su conciencia cuando se defiende a si mismo con firmeza, el que empatiza con su peor enemigo. Porque soy una persona noble, muy noble, hoy me toca confiar en eso, aunque a veces me cuestione. Y me siento orgulloso de esa parte de mí. Esa parte que sin equilibrio acaba autodestruyéndose de forma pasiva, como el que se deja morir... Un pequeño inconveniente.

Sostuvo inmóvil las verjas de la salvación mientras las alimañas lo devoraban.

¿Estaré tocando fondo? Lo único que sé es que esto se hace más patente a cada paso dado, o no dado.

Y de la autodestrucción pasiva estoy pasando a la activa. Ahora ya no me dejo morir, lo acelero. Como un animal acorralado; como una asquerosa rata acorralada, así me siento a veces... Narcisismo...

Conducir a gran velocidad, dejarme desafiar fácilmente, olvidarme de mí y de mi amor propio por buscar el amor en otra parte, voracidad sexual, soledad, aislamiento, no retroceder, búsqueda de confrontación, deseo de que me confronten, excusas para desatar mi ira, etc. Caminar, más que al filo de la navaja, a la hoja de la espada. Y porque esto me da tanto miedo en mí, me da miedo cuando lo veo reflejado en los demás.



En el fondo, a veces, me gusta ser así. Porque sé que agarrándome a mi otra parte puedo conseguir domarla, puedo conseguir ese equilibrio tan deseado. Sacar a la bestia de la jaula para amaestrarla, no hay otra forma. Que esto por si solo no lleva a nada, que debería poder situarme moralmente por encima de los demás y no contra los demás, y demás arrogancia moral... Pero así soy, y ni me conformo ni me quiero abandonar.

Ya me diluyo...

Pero pese a todo, otra parte de mí, una tercera, sigue luchando...lucha...busca esperanza...

 

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